The Raid - El arte de la cinematografía en las artes marciales





Sinopsis: Todo el mundo en Jakarta sabe que en los barrios bajos de la ciudad hay un edificio que sirve de refugio para los criminales más peligrosos de Indonesia. Algo así como una fortaleza del mal cuya leyenda crece día a día y a la que incluso la policía teme acercarse. Pese a ello, un grupo de fuerzas especiales de élite intentará derribar sus defensas y penetrar en sus entrañas. Pero la operación no sale según lo previsto, y los policías se encontrarán atrapados en el edificio, sin escapatoria posible y rodeados de asesinos y gángsters.

Tráiler:


Crítica:

Es imposible no conocer la obra de Gareth Evans sin saber de la existencia de dos de las piezas cinematográficas más importantes de la década. La primera, la sobrecogedora “Safe Haven” incluida en la película “V/H/S 2”. Acercándose a la duración de un mediometraje, nos presenta una de las ideas más originales que ha dado el género de terror en todo su declive actual. La forma en la que revoluciona el propio concepto del miedo es algo soberbio, pero se encontraba anclada en uno de los subgéneros más restrictivos, el found footage. Evans tiene una de las mejores direcciones de cámara que se ha visto en el género de acción, y eso no se puede ver reflejado completamente en “Safe Haven” por culpa del subgénero. La segunda pieza que presenta la filmografía del director se trata de una de las mejores películas de artes marciales de la historia, capaz de relucir la increíble habilidad de Evans rodando, la espectacular “The Raid”. 


La importancia que tiene este largometraje se comprende englobándola en el universo fílmico actual del género. Donde la set-piece más explosiva, la más ruidosa o la más repleta de contenido en pantalla, es la mejor. Incluso las propias tramas que sigue el nuevo cine de género están basadas en argumentos que se toman demasiado en serio para la absoluta memez que cuentan. Sin capacidad de impresionar al espectador más allá que por la calidad de sus efectos especiales, y aún con ello, pocas son las que saben utilizar la cámara para ayudar al pobre espectador a comprender lo que ocurre en pantalla. Por todo ello, brilla entre tanta mediocridad una película tan honesta como “The Raid”. Una de las mejores películas de acción de la década porque comprende varias lecciones importantes: Menos es más y la importancia de saber rodar las set-pieces.



En los primeros cinco minutos del largometraje, tendremos una increíble lección de presentación de personajes. En un minuto, conoceremos todos los elementos necesarios para comprender al protagonista: Su situación como futuro padre, marido responsable, con un fuerte sentido de la moral y su trabajo, ser policía. En la segunda escena (todavía nos quedan cuatro minutos de presentación) nos explican la misión de los personajes y la maldad del villano. Después de ello, comienza la acción sin desenfrenos con únicamente cinco minutos de presentación, pero suficientes como para justificar toda una hora y cuarenta minutos de golpes y disparos. Esa es la habilidad de “The Raid”, crear una narrativa escueta y sencilla, caracterizando lo básico para crear una trama interesante y unos personajes dinámicos, centrándose en los elementos que hacen al género de acción tan divertido y obviando lo demás (Recordemos que la tensión de la película comienza desde el minuto cinco hasta su final). 


Aunque a priori los personajes puedan parecer hechos de forma perezosa, no es así. Están realizados de forma milimétrica, concisamente eliminando los elementos que no pueden aportar nada a la trama general. Por ejemplo: La caracterización del protagonista anteriormente mencionada, justifica su lucha por su supervivencia y por hacer lo correcto en un lugar repleto de criminales. Todas sus decisiones tienen sentido gracias a su lógica temática, pero no tiene nada que lo agrande como personaje, únicamente funciona en su contexto. Pero eso habla del carácter funcional de todos los elementos de la película, la relación entre hermanos funciona por su temática basada en la idea de familia, pero nada más porque no profundiza en ello ni quiere. Recrea todo de manera que justifique las decisiones de los personajes en cada una de las escenas, algo que es incapaz de hacer películas de acción modernas de primera línea como “El hombre de acero”. Aún con ello, los secretos que guardan los protagonistas son utilizados como parte de la trama manteniendo el misterio y desvelándose así la caracterización de los personajes como sorpresas del guión. Una forma muy astuta de manejar esa información y mantener la atención del público buscando respuestas.


Comprende que un guión repleto de tramas, arcos o giros únicamente realizados en pos de llenar el metraje para llegar a las dos horas, resulta completamente vergonzoso, destroza el ritmo de la película además de darle un tono ridículo al contenido. La falsa sensación de profundidad o de oscuridad del nuevo blockbuster es algo a lo que “The Raid” quiere mantener alejado. La simpleza que abraza la película y la funcionalidad que pone por estandarte resulta completamente reconfortante para un espectador sobreexplotado con sucedáneos del más rancio y explosivo Michael Bay. Aunque por supuesto, elegir este camino lleva sus consecuencias. La maravillosa idea de crear la misma claustrofobia que sienten los personajes, encerrando también al espectador en el edificio, lleva a la repetición de escenas en pasillos o en habitaciones, la paleta de colores es realmente repetitiva y aunque Gareth consiga exprimir por completo las oportunidades que da un escenario semejante, puede adolecer. El bajo presupuesto que tiene la película se puede observar, sobre todo, en escenas donde ocurre una explosión o hay algún tiroteo, aunque se intenta disimular en la mayoría de la duración, y lo consigue, hay ocasiones en las que destaca demasiado. Pero esos fallos tan nimios son tapados con su honestidad, y todavía no he nombrado los dos elementos que hacen a “The Raid” una autentica obra maestra de la acción.


Su increíble ritmo, parecido más a la sensación que crea una montaña rusa que a una película al uso, es acompañado por sus dos características principales. Los combates entre los actores son algo increíble, los luchadores ofrecerán el máximo de su potencial en pos de sacar las mejores peleas. El estilo de arte marcial Pencak Silat es una forma de combate completamente cinematográfica, la viveza de sus movimientos, la fuerza de sus golpes… El estilo parece realizado para ser filmado, lo que nos lleva al siguiente punto. La cinematografía es uno de los elementos más bellos de la película, sabe crear planos perfectos creando una estética sublime en un apartado olvidado en el nuevo cine de género. Pero sobre todo, la manera en la que mueve la cámara a lo largo de las escenas es algo inaudito, único. Gareth Evans realiza una labor prodigiosa recreando como pocas veces se ha visto en pantalla, que únicamente con la imagen permita al espectador sentir las escenas. La forma de seguir el combate, ser capaz de sostener la cámara en cierto punto para luego atravesar la escena, todo ello ayuda a mantener el ritmo y además consigue no marear al público con todos los movimientos. La fuerza del combate y de la cámara van unidas para plasmar los mejores combates que se han visto en el celuloide desde hace décadas. Combates que sólo podrían ser superados por su segunda entrega, la cual espero con ansias. Todo ello forma una pequeña obra maestra, donde lo más importante, es divertir al espectador hasta el final. Y lo consigue con creces.

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